Capítulo III | Mejor mirar hacia otro lado

16 julio, 2008 at 7:12 pm 1 comentario

He intentado dejar claro que mi misantropía no está basada en trastornos, complejos, o vivenvias del pasado. He querido hacer ver que simplemente se basa en el análisis de mi entorno. Igual que alguien ve una película y decide si le gusta o no, yo he visto todo cuanto me rodea y no me agrada. No es sólo que no me agrade, sino que me repugna. Sin embargo, vosotros seguis empeñados en encontrar una explicación que no os haga sentir culpables de aquello que critico y de lo que formáis parte. No me sorprende. Ya escribí con anterioridad que cuando la gente ve algo que no entiende o que va contracorriente, lo tachan con una cruz, lo etiquetan de extraño y que pase el siguiente.

Como decía, mi odio hacia el ser humano está basado en observar lo que me rodea, los comportamientos de cada individuo. Cada movimiento tiene una razón de ser, un motivo oculto. Se recurre a la falsedad y las caretas para enraizarse en el entorno. Es nauseabundo. Motivos no me faltan para odiaros. Puedo explayarme con varios. De hecho, lo haré, pero todo a su tiempo. Ahora os sacaré los colores con una de vuestras repulsivas conductas con la que muchos os sentiréis identificados, y otros no lo querréis reconocer.

Hace un par de meses entré en un bar para comprar tabaco. La luz tenue y la seductora música actuaron de forma hipnótica en mis pies, que se dirigieron por inercia hacia la barra. ¿Qué mejor forma de disfrutar del primer cigarrillo de una cajeta que con una buena cerveza? Me dispuse a ello cuando divisé a dos individuos riendo escandalosamente. Delante de ellos, una mujer alta y rubia intentando pedir en la barra. Fulano y Mengano estaban en plena fase de exaltación de la valentía más deplorable: sobrepasándose con la rubia, agitándola, arrojándola del uno al otro… y lo más inmundo y mugriento, escupiendo su espalda.

Esa es la valentía de los pipiolos que se creen indestructibles con un malibú con piña de más. Seguramente antes de dicha hazaña habían estado escribiendo su leyenda haciendo rodar algún cubo de basura a patadas, o llamando al telefonillo del portal de alguna calle poco transitada. Pero tan reprochable es su vomitiba actitud como la del resto de personas que estaban en aquel lugar. Esas que ante tal estampa dieron un paso atrás o miraron hacia otro lugar, como si la cosa no fuera con ellos. Esos sóis vosotros. Los que presumis de boquilla de ser buenas personas, pero cuando llega el momento de demostrarlo os lo pensáis dos veces.

La humanidad da asco porque está deshumanizada. Vive rodeada de mierda pero no mueve un dedo.

“No te metas, a ver si vas a salir escaldado. La cosa no va contigo, ¿qué ganas metiéndote?. Algo habrá hecho para que le estén haciendo eso. Yo paso de hacer nada, que luego me caen a mí.”

Esa es la forma de pensar del maravilloso mundo que nos rodea.

PD: ¿Que qué pasó en el bar? ¿Os referis a antes o a después de tirarme a la rubia?

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Entry filed under: Motivos de mi odio.

La propiedad asociativa de los ineptos Supeditados a la redonda

1 comentario Add your own

  • 1. Scouser  |  17 julio, 2008 en 11:56 am

    Después, por supuesto. lo de antes no tiene interés.
    Tu odio hacia todos nosotros parece que te impide ver que, a la mayoría, nos gusta como eres y escribes, así que sigue así Charlie Mawson!

    Responder

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